Cuentos cortos en una página

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Linus

Cuento: Linus —admin

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A Linus le gustaba tocar la guitarra en su habitación.

Linus –en el colegio- estudiaba matemáticas, física y narración; estudiaba lengua, geografía y natación; química, gramática y acordeón, pero no estudiaba guitarra; así que Linus la tocaba en su habitación.

En su séptimo cumpleaños su padre le regaló un libro de guitarra: “armonía y composición”. Tal vez un libro demasiado complicado para un niño que acababa de cumplir siete años, pero a Linus le encantaba cualquier cosa que se relacionase con su guitarra y en su habitación poder tocarla; era su gran pasión.

A Linus le encantaban las matemáticas, con ellas entendía las progresiones de las escalas pentatónicas; la física le apasionaba: el tono de cada nota que tocaba dependía de la longitud que quedaba en la cuerda una vez que un traste pulsaba! La narración, la lengua y la geografía; narración, química y gramática, todas le aportaban cosas a su gran afición; incluso las clases de natación.

A los siete años y medio, gracias al regalo de su padre: “armonía y composición”, Linus tocaba triadas y novenas disminuidas, ligaba acordes con mucha distinción y le gustaba, no sabía muy bien por qué, componer en Si aumentado, tal vez porque Linus –lejos de ser un niño-repelente-niño-de-mama- era muy obediente y educado e infinitamente le hubiese importunado que alguna vez le hubiesen castigado sin poder tocar en su habitación la guitarra en Do bemol.

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Imagen: ‘a boy & his guitar’ by lauren nelson (via Flickr). CC BY licence.

Eon

Cuento: Eon —admin

Eon siempre había visto señales en la gente, señales que marcaban sus frentes y a veces el dorso de sus manos, las formas no eran caprichosas y Eon siempre estuvo convencido de que debían provenir de algún alfabeto que él nunca había sido capaz de identificar.

Todas las señales eran diferentes y más que un significado siempre le habían provocado una sensación muy fuerte y una convicción totalmente cierta, una sensación totalmente inequívoca hacía esa persona sin que cupiese el menor ápice de duda en su corazón.

Muchas veces las señales apenas eran visibles se fundían prácticamente con el color de la piel, otras tenían una tenue fosforescencia verde o amarilla, roja las menos y muy, muy raramente, las marcas eran totalmente negras, opacas y estas ultimas siempre muy inquietantes. (…) @2006
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